Un partido de futbol

La noche del 9 de abril fui al Estadio Azteca para ver un partido de la Liga MX Femenil.

Actualmente vivo cerca, tal vez muy cerca, del Estadio Azteca, pero resulta que no voy con frecuencia. Pasaron varios años antes de que volviera a entrar al «Coloso de Santa Ursula» (me gusta ese sobrenombre), hasta la noche de ayer, 9 de abril. En esta ocasión fuimos a presenciar un partido de la LIGA MX Femenil, la liga de futbol de primera división femenil. No me atrevo a decir que sea futbol profesional, ya que no me consta que todas las jugadoras reciban un pago por ello y si lo hacen, si es su principal ingreso. Me atrevo a pensar que sí. 

El Estadio Azteca es magnifico, es una obra impresionante, enorme. Aunque el paso del tiempo ya se siente en su estructura, detalles arquitectónicos de diseño de hace algunas décadas, aromas de humedad y aromas a viejo. También la energía, es inexplicable lo que se siente al estar ahí. La emoción por ver un espacio tan iluminado que ha sido testigo de tantos momentos deportivos, espectáculos artísticos, congregaciones políticas, religiosas y hasta carreras de autos en su propia cancha. 

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La energía del Estadio Azteca se siente en el propio aire que se respira ahí. Es vida, historia y leyenda.

El partido enfrentó a los equipos femeniles del Club América, Las Águilas de América y a Las Pumas de la UNAM, el equipo que representa a la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Fue un partido entretenido. No soy aficionado al futbol, conozco poco de este deporte, pero he visto, como cualquier mexicano, muchos partidos en TV. Este encuentro femenil me pareció más entretenido que la mayoría de los que se ven regularmente. No se de técnica, tácticas y estrategias del futbol, pero sé cuando un espectáculo me entretiene, capta mi atención. Así fue. Las jugadoras me parecieron con una gran condición física, fuertes, entregadas y una actitud combativa propia que merece este deporte. Vi pocas «faltas», pero no pocas jugadas duras. En las que una jugadora caía no percibí lo que no me gusta del futbol varonil: ese ritual de hacer más grande lo ocurrido para tratar de engañar al arbitro o desviar la atención. El partido solo tuvo 1 gol, terminó con la victoria de Las Aguilas sobre Las Pumas 1 a 0, pero no pocas acciones de llegadas y emociones. 

En la tribuna vi a niños y niñas de todas las edades con su familia, muchas mujeres, hombres respetuosos y uno que otro que no lo fue. Porras, gritos, cantos y voces que buscaban emular lo que ocurre en un partido de futbol varonil de primera división, pero eramos pocos en la tribuna, tal vez 3,000, tal vez menos. 

El Estadio lució a toda gala, con las luces brillando como debe ser, las pantallas y los vendedores ofreciendo lo que deben ofrecer, desde sopas Maruchan hasta esquites y algodones de azúcar. Optamos por tomar una Maruchan, que, por cierto, tenía casi 10 años de no tomar una, y una hamburguesa poco afortunada, pretendiendo ser de res, pero parecía más una opción mixta o de soya, que por supuesto, es más barata de producir.

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Fui con mi familia, 3 mujeres, la pasamos bien, estuvimos todo el partido, los dos tiempos. Comenzó a llover en el segundo tiempo y por unos 15 minutos tuvimos que resguardarnos en un túnel, después volvimos a las gradas. La poca asistencia de público nos permitió colocarnos en 3 ubicaciones diferentes. 

La temporada de la Liga MX Femenil llegó a su fin, Pumas quedó fuera, América pasó a semifinales, ahora enfrentará a ¿las Tigres? de la UANL.

Les recomiendo ir al Estadio Azteca a un partido de la liga femenil. La van a pasar bien. 


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